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Luisa

Por ahí, en la Matria

Abuela feliz, convencida que la vida es un milagro de amor y ahí están mis hijas e hijos para reafirmarlo. Manuel Antonio, su padre me enseñó durante más de dos décadas brillantes, plenas y felices de vida de pareja, que el amor es una bahía amplia y generosa, donde las olas llegan y se van.

Con mi papá Bernardo, un campesino que no pudo ir a la escuela, aprendí a leer, a contar, a vivir contenta, el respeto por la diferencia, la coherencia y el valor de la familia. Gerardina mi madre murió cuando tenía tres años y mi hermano Modesto año y medio, entonces papá se convirtió en nuestra madre-padre. Mis hermanas y hermanos, de su segundo matrimonio con una gran mujer Inés, siempre apoyando amorosamente, compartiendo con generosidad en unidad familiar.

Me tocó ser parte de la diáspora colombiana y en este caminar, durante seis meses en Ecuador, luego seis años en Canadá, me topé con gente extraordinariamente solidaria.

Encontrar a David ha sido una maravilla; compartir en el amor vivencias, experiencias, dudas, dolores, convicciones, saberes , viajes y retos es un gratificante compromiso, por eso vivo ahora en Norwich, Inglaterra con el. Caminamos juntos en el Amor Eficaz

En esta caminata, (somos millones de colombianas y colombianos que dispersos por el mundo vivimos en la diáspora) he compartido sueños, esperanzas y aprendido en ella, con otras diásporas y con la gente ciudadana de los países de llegada, que sin importar en donde se nace, somos una sola familia la humana.

El entusiasmo de mis nietos, avivan mi esperanza y mi capacidad de asombro.